Dame un punto de apoyo y moveré la tierra.

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somos agua pero todavía morimos de sed, aire pero aún no sabemos cómo elevarnos, fuego pero incapaces de dar calor, tierra pero nos asusta volver a ella, somos dioses con complejo de hombre, capases de crear un universo unicamente nuestro,pero nos falta amor, y fe.

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Nuevas perspectivas sobre la ley natural

La doctrina ética, moral y política del actual pontificado católico está fundamentada en lo que tradicionalmente se llamó la “ley natural”. De ahí ha dimanado su concepto de la “naturaleza humana”, la existencia creada por Dios de una entidad sustantiva metafísica que se transmite de generación en generación. Pero desde el campo de la filosofía (especialmente desde la ética y desde la antropología) se cuestionan estos conceptos. ¿Tiene sentido hoy en nuestra cultura evolucionista hablar de “naturaleza humana” y de “ley natural”? La revista internacional de Teología, Concilium, [en el número 336, de junio de 2010] aborda con valentía la necesidad de reformular estos conceptos a la luz de las ciencias y de las culturas emergentes



Las profesoras Lisa Sowle Cahill e Hille Hacker han coordinado un interesante número de la revista internacional de Teología Concilium. El título de este número monográfico de 2010 es “Naturaleza humana y Ley natural”. Lisa Sowle Cahill es profesora de Teología Moral en la Facultad de Teología de Boston; Hille Haker es profesora de Ética Moral y de Ética Social en la Facultad de Teología de la Universidad Goethe de Frankfurt. Son, por tanto, personas intelectuales católicas de gran solidez. Ellas han coordinado este volumen que cuenta con 12 aportaciones teológicas y filosóficas de gran valor. Tal vez señalen las Tendencias teológicas en estos campos para el siglo XXI.

El capítulo introductorio de este volumen de la revista Concilium, sitúa el problema en las dimensiones en que hoy se encuentra dentro del debate filosófico, intercultural y teológico.

En su encíclica Caritas in Veritate, el papa Benedicto XVI afirma: “En todas las culturas se dan singulares y múltiples convergencias éticas, expresiones de una misma naturaleza humana, querida por el Creador, y que la sabiduría ética de la humanidad llama ley natural. Dicha ley moral universal es fundamento sólido de todo diálogo cultural, religioso y político…” (número 59).

También en 2009, la Comisión Teológica Internacional (CTI) publicó un documento titulado En busca de una ética universal: una nueva mirada sobre la ley natural. La CTI –según las autoras de esta introducción – propone la ley natural como recurso para dar una respuesta a los desafíos éticos globales. La ventaja de la ley natural se encuentra en su afirmación de que “las personas y las comunidades humanas son capaces, por la luz de la razón, de reconocer las orientaciones fundamentales para la acción moral conforme a la naturaleza misma del sujeto humano y expresarlas de modo normativo en forma de preceptos o mandamientos” (número 9).

Para las profesoras Lisa Sowle y Hille Haker, estos documentos atestiguan que la doctrina magisterial, la teología moral y el pensamiento social de la Iglesia católica aún conceden un lugar central a las ideas básicas que subyacen tras la teoría de la ley natural.

Coherentemente con ello, todos los seres humanos comparten la misma naturaleza, la naturaleza es creada por Dios y puede ser conocida por la razón, y los bienes que todas las personas buscan “por naturaleza” son el fundamento de las normas morales que prescriben que tipo de acciones deben o no hacerse para lograrlos. El valor normativo de la ley natural –consecuentemente – procede del hecho de orientar a los seres humanos (y no sólo a los católicos) a sus propios fines y acciones correspondientes, de modo que cumpliendo sus deberes naturales los humanos prosperan y encuentran la felicidad.

Nótese que estos son los argumentos esgrimidos por el Secretario de la Conferencia Episcopal española, Monseñor Martínez Camino, para legitimar el que los obispos puedan imponer sus tesis sobre moral sexual a todos los ciudadanos, sean o no creyentes.

La idea de la Ley natural viene de lejos

Como en la Biblia, también entre los filósofos clásicos, griegos y latinos, encontramos ejemplos de la formulación de esta ética de la ley natural. La tradición cristiana encontrará este vocabulario específico en el teólogo del siglo XIII, Tomás de Aquino. Las interpretaciones neoescolásticas de la teoría de la ley natural, formulada por Tomás de Aquino, dominarán el panorama del pensamiento y de la praxis moral católica durante los siglos XVIII y XIX, pero su influencia proseguiría después del Concilio Vaticano II.

Las críticas antropológicas, filosóficas y teológicas a la teoría de la Ley natural

De una manera general, las críticas a la teoría de la Ley natural se fundamentan en su método deductivo, sus prejuicios eurocéntricos y patriarcales, su universalismo abstracto y su olvido de la reflexión ética y las tradiciones específicamente cristianas.

Muchos autores sostienen que “la naturaleza” no puede servir en absoluto como norma de nada puesto que el “debería” no se puede derivar del “es” (tal como muestran David Hume y G. E. Moore). Además, la misma naturaleza humana no es algo estático, fijo, inamovible; la naturaleza está en continuo cambio. Los antropólogos tienen serias dificultades para justificar la existencia de lo “humano irreductible”, la entidad fija constitutiva de la identidad humana.

Defender el concepto de “naturaleza humana” como fundamento de normas firmes y claras se ha convertido en un asunto más problemático como consecuencia de las nuevas investigaciones y descubrimientos científicos que indican la continuidad entre la naturaleza humana y la naturaleza animal, y ofrecen la posibilidad de realizar cambios radicales de las formas de vida, incluida la de los seres humanos.

El final del siglo XX y el comienzo del siglo XXI, gracias a los modernos medios de comunicación, nos han revelado la existencia de una variedad de perspectivas éticas culturalmente diferentes en todo el planeta. Para las autoras de la introducción de este volumen de Concilium, un amplio grupo interdisciplinar de pensadores, especialmente de tradición católica, está a la búsqueda de nuevos modos de recuperar, renegociar y reinventar inculturadamente unos conceptos que integren la naturaleza, los bienes, los valores y los derechos que todos compartimos por nuestra común cultura humana.

Para una reinvención de la naturaleza y de la ley natural

En el número de la revista Concilium que comentamos aquí, se contienen ocho artículos de investigación sobre la teoría fundamental de la ley natural, y otros cuatro trabajos de menor extensión. Entre estos últimos, dos abordan los documentos recientes dedicados a la cuestión de la ley natural: el informe de la Comisión Teológica Internacional ya mencionado, y un nuevo documento de la Unión Europea sobre la biología sintética.

De los trabajos de investigación se ha procurado atender todas las perspectivas filosóficas y teológicas, dado que nadie está en la posesión de la verdad. Stephen J. Pope, de Boston Collage, presenta el origen del hilo fundamental y más influyente del pensamiento católico sobre la ley natural en el paradigma del “realismo moral” de Tomás de Aquino. Según Tomás, la ley natural es la participación de la criatura racional en la ley divina que ordena racionalmente el universo para el bien común. La razón práctica es la que discierne los medios para lograr los bienes humanos. Dado que los seres humanos son seres sociales, la persecución de los bienes y la observancia de la ley natural son actividades sociales que implican responsabilidades también sociales. En esta línea, aunque los seres humanos poseen una capacidad innata para conocer el bien, es necesario educar la capacidad para discernir correctamente el bien y actuar según él, de modo que se convierta en algo habitual o virtuoso. La ley positiva, fundamentada en la ley natural, determina el modo de llevar a cabo en culturas y circunstancias específicas los bienes humanos y la comunidad buena.

El profesor S. J. Pope no esconde y soslaya los desafíos con los que tiene que confrontarse actualmente el pensamiento de la ley natural. Tales son el pluralismo cultural (que no es lo mismo que el relativismo cultural) y las aportaciones de la teoría de la evolución humana extendida al origen de las culturas. Los filósofos de otros tiempos, como Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas, adaptaron la ley natural aplicándola a un contexto internacional. En el siglo XX, Jacques Maritain o John Courtney, entre otros, reinterpretaron la concepción católica de la ley natural para apoyar la democracia liberal y los derechos humanos. Desde las antropologías biológicas, los avances en el conocimiento de los restos fósiles humanos y los progresos en neurología, aumentan los desafíos al pensamiento fijista clásico.




Repensar la naturaleza y la ley natural